¿Cómo se desarrollan los embriones? ¿Por qué se pliega la corteza del cerebro de los mamíferos? ¿Cómo sentimos el tacto en las yemas de los dedos? Estas y otras preguntas biológicas fundamentales permanecen abiertas, pese a que se sabe que hay un principio común en todas ellas: la conversión de un estímulo físico en una señal bioquímica.
El campo de la mecanobiología ha obtenido recientemente nuevos indicios sobre qué señales físicas viajan a través de las células y hasta dónde se propagan. Uno de los hallazgos clave es que las propiedades reológicas de la membrana celular (cómo se deforma y fluye cuando se le aplica una fuerza física) desempeñan un papel central en dicha propagación. Aun así, muchos detalles de este intrincado mecanismo siguen sin estar claros.
Michael Krieg, Frederic Català-Castro y Neus Sanfeliu-Cerdán, del Instituto de Ciencias Fotónicas (ICFO) en Castelldefels, Barcelona, Cataluña, España, junto con el grupo del profesor Rangamani en la Universidad de California en San Diego, Estados Unidos, han aportado ahora nueva luz sobre cómo las neuronas transmiten presiones y tensiones a través de sus membranas. Su nuevo estudio constituye la descripción más detallada hasta la fecha de los procesos moleculares que sustentan este fenómeno. El estudio se ha centrado en dos mecanorreceptores distintos en el gusano llamado Caenorhabditis elegans: los receptores táctiles, que responden muy rápidamente al contacto, y los propioceptores, que detectan deformaciones rápidas del propio cuerpo durante el movimiento.














