Las personas que padecen enfermedades o lesiones por accidente que les impiden hablar y también ejecutar movimientos con los que podrían comunicarse rápidamente, deben recurrir a movimientos menos prácticos o a interfaces cerebro-ordenador.

Si bien en los últimos años se han producido rápidos avances en las interfaces cerebro-ordenador, los modelos actuales implican cirugías invasivas y complejas.

Fluent, una empresa impulsada por la Universidad de Melbourne en Australia, está desarrollando una interfaz cerebro-ordenador de bajo riesgo que se puede insertar debajo del cuero cabelludo, pero fuera del cráneo. E incluso la calidad de las señales eléctricas captadas con este dispositivo no es mucho menor si se coloca fuera del cuero cabelludo.

El nuevo dispositivo lee un área del cerebro llamada corteza motora, que controla los músculos del habla.

Cuando una persona habla, cada uno de los movimientos individuales necesarios para hacerlo está vinculado a un «código» diferente en su corteza motora.

Estos códigos también se generan cuando una persona con dificultades del habla intenta hablar. La nueva interfaz cerebro-ordenador puede captar estos códigos en una secuencia, determinando lo que alguien intenta decir.

Los investigadores de Fluent están desarrollando un sistema de aprendizaje automático (una modalidad de inteligencia artificial) para convertir la actividad cerebral registrada en texto escrito o texto audible, lo que permitirá que personas incapaces de hablar puedan comunicarse a sin necesidad de articular sonido alguno ni pulsar tecla alguna.