La grasa marrón es conocida por su capacidad de usar la energía (calorías) de los alimentos para generar calor, lo que ayuda al cuerpo humano a mantenerse caliente en ambientes con temperaturas bajas. En cambio, la grasa blanca se limita a almacenar calorías. Dicho de modo simple, la grasa blanca puede conducir a acumular kilos de más, y la marrón no.

 

Ante el auge del sobrepeso y la obesidad en buena parte de la población de las naciones industrializadas, encontrar modos de promover en el cuerpo la grasa marrón en detrimento de la blanca se perfila como una vía prometedora para adelgazar de manera eficaz y con poco o ningún esfuerzo por parte de la persona.

 

Unos científicos han identificado una nueva forma en que la grasa marrón puede acelerar el metabolismo del cuerpo, consumiendo más combustible celular y produciendo calor extra, mejorando así la salud metabólica cuando hay demasiado combustible almacenado en forma de grasa y kilos de más.

 

El estudio, realizado en ratones, revela una nueva vía para usar la grasa marrón en el tratamiento de enfermedades metabólicas, como la resistencia a la insulina y la obesidad.

 

El estudio lo ha realizado un equipo integrado, entre otros, por Irfan Lodhi y Xuejing Liu, de la Universidad Washington en San Luis de Misuri, Estados Unidos.

 

Se sabe que las mitocondrias de la grasa marrón (también llamada grasa parda) tienen un modo de desvincularse de la producción de combustible y, en su lugar, producir calor, mediante una molécula llamada proteína desacopladora 1. También se sabe que los ratones con grasa marrón que carecen de la proteína desacopladora 1 aún pueden “quemar” combustible y generar calor, lo que indica la existencia de “quemadores de reserva” en las células.

 

El nuevo estudio implica a los componentes celulares llamados peroxisomas como importantes productores alternativos de calor en la grasa marrón. Los peroxisomas son pequeños compartimentos celulares que participan en el procesamiento de las moléculas de grasa. Los investigadores han comprobado que los peroxisomas en la grasa marrón, cuando se exponen al frío, aumentan en número. Este aumento es aún más claro en ratones cuyas mitocondrias son deficientes en la proteína desacopladora 1, lo que sugiere que los peroxisomas podrían ser capaces de compensar la escasez de dicha proteína.

 

Lodhi y sus colegas han descubierto que los peroxisomas consumen combustible y producen calor en un proceso metabólico que se centra en la ACOX2, una proteína clave en estos componentes celulares. En experimentos realizados por los autores del estudio, los ratones sin ACOX2 en la grasa marrón perdieron parte de su capacidad corporal para combatir el frío, mostrando temperaturas corporales más bajas tras la exposición al frío en comparación con los ratones normales. Además, en comparación con los ratones normales, sus tejidos no aprovecharon adecuadamente la insulina, una hormona reguladora del azúcar en sangre, y fueron más propensos a la obesidad al ser alimentados con dietas ricas en grasas.

 

En cambio, los ratones modificados genéticamente para producir cantidades inusualmente altas de ACOX2 en la grasa marrón mostraron una mayor producción de calor, mejor tolerancia al frío, mejor sensibilidad a la insulina y mejor control del peso, al ser alimentados con la misma dieta rica en grasas.