Reproducir la estructura organizativa del cerebro humano con el mayor grado posible de fidelidad es una estrategia en auge para afrontar el reto de construir ordenadores capaces de procesar información con la eficiencia energética y la intuición y otras cualidades del pensamiento humano que hasta ahora solo los cerebros biológicos podían poseer.
Las iniciativas al respecto suelen basarse en piezas que cumplan el papel de neuronas. A tales piezas se las llama “neuronas artificiales”.
Desde los primeros y voluminosos prototipos de neuronas artificiales, se ha progresado mucho en miniaturización y optimización.
Un buen ejemplo del grado de miniaturización alcanzado lo tenemos en esta fotografía, donde vemos un chip que es un conjunto de neuronas artificiales.
El chip, depositado en la yema de un dedo, es sorprendentemente pequeño.














