La tarea de resolver el añejo problema migratorio en la frontera de Estados Unidos y México es un difícil desafío para la vicepresidenta Kamala Harris, pero también una oportunidad de alto perfil para escapar de la frustración de ser la número dos de la Casa Blanca.

El viernes, fue Harris -y no el presidente Joe Biden- quien mantuvo una reunión virtual con el mandatario mexicano, Andrés Manuel López Obrador.

«Agradecemos al presidente Biden que la haya nombrado para dirigir todo lo relacionado con la migración», dijo el izquierdista López Obrador.

Y a principios de junio, será Harris quien realice una visita oficial a México y Guatemala, probablemente adelantándose por una semana al primer viaje de Biden al extranjero -a Europa.

Pocos temas tienen una historia tan larga y espinosa tanto para demócratas como republicanos como el tema de la inmigración y el asilo en los más de 3.000 kilómetros de frontera entre Estados Unidos y México.

Pero bajo el mandato del expresidente Donald Trump (2017-2021) el problema se tornó aún más álgido, pues construyó gran parte de sus promesas electorales sobre la demonización de los inmigrantes indocumentados y la necesidad de un nuevo y fortalecido muro fronterizo.

Biden, que prometió una política migratoria más «humana», se encontró en un dilema cuando los cruces ilegales en la frontera aumentaron desde el inicio de su gobierno, y decidió que Harris era la figura de peso para encontrar una respuesta.

«Cuando ella habla, habla por mí», dijo el presidente el 24 de marzo.

– Sin visitas a la frontera –

Técnicamente, Harris no debe ocuparse de la frontera en sí.

Su cometido es buscar soluciones más profundas en los países centroamericanos de donde huye la mayoría de los migrantes: el llamado «Triángulo Norte» que forman El Salvador, Guatemala y Honduras.

Encontrar la manera de convencer a toda esa gente de quedarse en sus países fue el principal tema de discusión con López Obrador el viernes.

Pero en realidad, el público y ciertamente gran parte de la oposición republicana no hacen la distinción.

Una de las críticas más frecuentes de la cadena conservadora Fox News y de los medios de comunicación de derecha es que Harris ya fracasó al no visitar la frontera.

«El Triángulo Norte no es lo mismo que la frontera», dijo a la defensiva en abril la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Jen Psaki.

Sin embargo, para los críticos de Harris, el daño está hecho.

Después de todo, ella viaja a muchos otros lugares de Estados Unidos por asuntos de la vicepresidencia. ¿Por qué no al filo de la crisis que ella quiere solucionar?

– Vicepresidenta hoy, ¿presidenta mañana? –

La forma en que esto se desarrolle es crucial, ya que muchos ven en Harris una posible candidata presidencial esperando su turno.

Al llegar a la Casa Blanca el 20 de enero, Harris, de 56 años, se convirtió en la mano derecha de Biden, de 78 años, el presidente de mayor edad en asumir el cargo.

Y si bien Biden dice que buscará un segundo mandato dentro de cuatro años, también hace todo lo posible por impulsar a Harris, que anteriormente fue senadora y fiscal general de California.

«El presidente nos ha dado instrucciones claras», dijo Ron Klain, jefe de gabinete de Biden, al diario The New York Times. «Nuestro objetivo es darla a conocer todo lo que podamos».

Liz Peek, colaboradora de Fox News, escribió en The Hill que el papel de la frontera condenará las ambiciones de Harris.

«Las probabilidades de que Kamala Harris sea elegida presidenta se están reduciendo más rápido que un helado en agosto», escribió. «Casi parece que el equipo de Biden estuviera jugando una mala pasada a propósito».

Pero Carl Tobias, profesor de Derecho de la Universidad de Richmond, dice que Harris ha «enhebrado la aguja».

«Ser vicepresidente ha sido siempre un papel difícil y delicado porque el vicepresidente no quiere eclipsar al presidente», dijo.

«Harris ha aprovechado este papel como una oportunidad para demostrar que puede hacer un excelente trabajo en un tema espinoso».