¿Cómo puede la tecnología ayudarnos a mejorar la seguridad en las carreteras? ¿Puede ayudar a reducir la siniestralidad incluso si hay factores psicológicos o sociales implicados?
La seguridad es una de las necesidades más profundas que tenemos las personas y, a la vez, somos el mayor factor de riesgo en la circulación vial. Resulta paradójico, pero los humanos parecemos desear a la vez la seguridad y el riesgo. En las jornadas y en las encuestas que hemos realizado (sobre todo a jóvenes) en el marco del Proyecto 1.000.000 km se repite una idea: conducir es igual a libertad.
Sin embargo, esta forma de conducir que para muchos es sinónimo de disfrutar y sentirse libre es también la principal causa de los siniestros que ocurren en las calles y carreteras. La Organización Mundial de la Salud considera la seguridad vial como uno de los problemas más graves de nuestro tiempo. Según sus datos, se registran unos 1.250.000 muertos y 30.000.000 heridos al año en todo el mundo. Solo en España, fallecieron 1.180 personas en el 2018.
Los seres humanos somos el factor más complejo en la fórmula de la seguridad. El nivel de riesgo que aceptamos varía mucho en función de cuestiones personales, la edad, el sexo y la cultura. Pero también influyen las campañas de publicidad de los fabricantes de vehículos. Muchos jóvenes asocian la conducción a lo que ven en películas como The fast and the furious y no a la siniestralidad que producen los accidentes de tráfico.
Los siniestros se suelen relacionar con causas puntuales (velocidad, drogas, alcohol o uso del móvil), pero no se suelen tener en cuenta los factores psicológicos y sociológicos implicados. En este sentido, algunos ejemplos de situaciones en las que las personas somos las responsables de la siniestralidad son los siguientes:
– Muchos creen que los conductores que respetan la distancia de seguridad son pasivos e inexpertos. Por eso consideran que el nivel de riesgo es bajo y conducen muy próximos al otro coche. Es interesante señalar que la distancia de circulación varía cuando el vehículo que está delante es más pesado que el nuestro porque, en ese caso, sí aumentamos la distancia de seguridad.
– Otro problema muy habitual es la percepción de los conductores de motos de que tienen menos restricciones porque su vehículo es más ligero y más maniobrable y, por tanto, creen que las normas de circulación deben ser más flexibles. Desgraciadamente, los datos indican que el nivel de siniestralidad de las motos es más elevado que el de otros tipos de vehículos, pero muchos conductores de motocicletas cargan la responsabilidad sobre los coches o sobre las infraestructuras.
– El estrés provocado por cortes de carreteras, calles y accesos a aeropuertos a causa de protestas de diferentes colectivos sociales. Este fenómeno se ha producido siempre, pero cada día son más frecuentes las interrupciones inesperadas de tráfico por este motivo que generan estrés en los conductores, pudiendo desencadenar agresividad. La respuesta emocional de los afectados puede consistir en intentar recuperar el tiempo perdido incumpliendo normas de circulación.
– Un último punto son el reglamento de circulación y la señalización de las vías. El actual reglamento es complicado, muchas normas son desconocidas y los conductores acabamos muchas veces tomando el camino sencillo: imitar lo que hacen los demás.
Para disminuir la siniestralidad en las vías, los conductores humanos tendremos que ser más estrictos con el cumplimiento de las normas. Sin embargo, el aumento de la seguridad pasa también por desarrollar y utilizar sistemas electrónicos tanto en las infraestructuras como en los propios vehículos.
En cuanto a las primeras, es evidente que la mejora de las vías, el mantenimiento adecuado y, en general, una gestión óptima de las mismas disminuye de forma muy importante el número de siniestros y las consecuencias de los mismos.
Las tecnologías están favoreciendo la eficiencia y la seguridad de las infraestructuras. Algunos ejemplos son los controles de velocidad, los de paso de los semáforos en rojo y la adaptación de la señalización a las condiciones de la vía. En resumen, este proceso es imparable y a largo plazo las vías se irán adaptando a sistemas electrónicos de señalización y control.














