El chantaje migratorio seguirá estando sobre la mesa en las relaciones con Libia, Turquía y Marruecos mientras la UE continúe viendo la cuestión migratoria bajo el prisma exclusivo de la seguridad.LUCA BARANA, DARIO CRISTIANI Y ASLI SELIN OKYAY |  20 de julio de 2021

La migración siempre se las arregla para volver a ocupar fácilmente un lugar destacado en la agenda política europea, incluso en el contexto de la pandemia. Esto sucede no solo dentro de la Unión Europea, sino también en lo que respecta a las relaciones con terceros países que desempeñan un papel clave a la hora de evitar que los flujos migratorios mixtos irregulares lleguen a suelo comunitario.

La atención renovada sobre la migración se ha visto impulsada por el aumento de las llegadas a través de la ruta del Mediterráneo central y en relación con los recientes acontecimientos en la frontera hispano-marroquí de Ceuta en mayo de 2021. También se dio el caso el año pasado, justo antes de que se produjera la crisis sanitaria mundial, cuando las tensiones en la frontera greco-turca devolvieron momentáneamente la migración al centro de la agenda de la UE y de las relaciones de Europa con Turquía.

El aumento de las llegadas irregulares suele ir seguido de declaraciones de los dirigentes europeos sobre la necesidad de reforzar la cooperación con terceros países en materia de gestión de la migración. Cuando estas llegadas parecen estar orquestadas o toleradas por estos terceros países, como ocurrió en la frontera greco-turca en 2020 y en la frontera hispano-marroquí el pasado mayo, la UE recuerda a sus socios su responsabilidad a la hora de controlar sus fronteras, subrayando que no tolerará la explotación de la migración. Esto, en pocas palabras, es también lo que se desprende de la última reunión del Consejo Europeo del 24 y 25 de junio.