Gracias a una técnica revolucionaria basada en un avanzado procesamiento informático de imágenes, unos astrónomos han logrado detectar, en fotografías tomadas por el telescopio espacial James Webb, objetos de unas pocas decenas de metros de diámetro en el cinturón principal de asteroides, situado entre la órbita de Marte (a unos 230 millones de kilómetros del Sol) y la de Júpiter (a unos 780 millones).
La mayoría de los asteroides conocidos orbitan en este cinturón de asteroides. Se calcula que el cinturón contiene entre 1,1 y 1,9 millones de asteroides de más de 1 kilómetro de diámetro y millones de asteroides más pequeños. En una etapa temprana de la historia del sistema solar, la gravedad del recién formado Júpiter puso fin a la formación de cuerpos planetarios en esta región y provocó que los pequeños cuerpos de esa franja orbital colisionaran entre sí, fragmentándose en los asteroides que observamos hoy en día.
Se calcula que el asteroide que extinguió a los dinosaurios tenía unos 10 kilómetros de diámetro. Estadísticamente, se estima que un astro tan grande solo choca con la Tierra en raras ocasiones, una vez cada 100 millones de años o cada 500 millones. En cambio, asteroides mucho más pequeños, de tan solo varias decenas de metros, pueden chocar con la Tierra con más frecuencia, una vez cada pocos años. Se sabe que es más probable que estas rocas espaciales de decenas de metros escapen del cinturón principal de asteroides y migren hacia zonas más próximas al Sol, convirtiéndose algunos de ellos en vecinos de la Tierra y pudiendo acercarse peligrosamente a ella. Si caen, estas rocas espaciales más veloces que una bala pueden devastar regiones enteras, como sucedió con el impacto de 1908 en Tunguska, Siberia, y con el asteroide de 2013 que se deshizo en el cielo sobre la ciudad rusa de Cheliábinsk.














