La tecnología y sus avances nos permiten, en muchas ocasiones, optimizar nuestro tiempo (aunque, a veces, parezca todo lo contrario) y facilitarnos (al menos, en parte) la existencia. Los llamados “gadgets” son un buen ejemplo de ello. El smartphone, sin ir más lejos, es un dispositivo que ha revolucionado el día a día de la sociedad.

 

Claro está que no todos los aparatos son digitales; un gadget, por ejemplo, puede ser un simple cepillo para quitar los pelos de una mascota. Ni tampoco tienen porqué ser tan útiles o rupturistas; pensemos, sin ir más lejos, en la “visera con ventilador”. De hecho, existen algunos, concretamente, que más que volverse obsoletos y desaparecer, simplemente nunca fueron una idea demasiado brillante.

 

Útiles o no, la historia está plagada de “trastos” curiosos. Desde el cuchillo eléctrico que vimos en infinidad de cocinas domésticas de los años 80, hasta los más actuales, como el pantalón que incorpora un teclado para el ordenador. A medida que el tiempo avanza, los intentos por sorprender a los consumidores parecen aumentar; y, con estas iniciativas, también crece el número de inventos peculiares.

 

El entorno digital al servicio de la creatividad

Hablábamos, al principio, del smartphone. Este dispositivo parte del concepto del teléfono móvil, aunque hoy, prácticamente, para lo que menos se utiliza es para llamar a los demás. Se ha convertido, más bien, en una herramienta personal que centraliza todo tipo de recursos, como la mensajería instantánea, los mapas, el correo o las plataformas digitales de métodos de pago que usan los casinos online fiables y el comercio electrónico.

 

Y mucho más, evidentemente. Por ejemplo, algunas aplicaciones bien peculiares. ¿Sabías que existe una para detectar presencias fantasmales en casa? También es posible que alguien quiera llevarse el móvil al supermercado y utilizar la app específica para comprobar si la sandía está lo bastante madura (dando unos golpes en la cáscara con la base del teléfono). Incluso hay una que brinda la posibilidad de verlo todo desde la perspectiva de una cabra.