Actualmente se conocen más de 200 especies de virus que provocan enfermedades en las personas y cada año se descubren entre 3 y 4 especies nuevas. Más de la mitad de estos virus humanos también pueden afectar a otros animales como mamíferos y aves. De hecho, según la FAO (la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), el 70% de las enfermedades infecciosas que afectan a los humanos son de origen animal, conocidas como zoonosis, como la rabia, la gripe aviar, el nuevo coronavirus de Oriente Medio (MERS-CoV), entre muchas otras.
Cada vez más los profesionales científicos y médicos remarcan la necesidad de tomar conciencia colectiva del vínculo entre la salud animal, la salud humana y la de los ecosistemas para trabajar en una misma dirección y velar por la salud del planeta. Hay enfermedades provocadas por virus que son exclusivas de los animales pero ocasionan un fuerte impacto en la sociedad. Es el caso de la Peste Porcina Africana, un virus inofensivo para los humanos pero letal para los cerdos. La epidemia, de origen africano, llegó por primera vez en Europa, en Bélgica, en el año 2018. En Asia, la llegada del virus está obligando a sacrificar millones de cerdos infectados. El reto es encontrar una vacuna para esta enfermedad altamente contagiosa entre estos animales.
Muchas enfermedades infecciosas emergentes provienen de los animales y se pueden transmitir a las personas de manera directa o a través de vectores como los mosquitos o garrapatas. El crecimiento demográfico del planeta, la urbanización, la globalización de los viajes y el comercio y el cambio climático hace que estemos en contacto con nuevos ambientes, climas y nuevos vectores de enfermedades. El riesgo de aparición de brotes epidémicos es más alto, «ahora, más que nunca, debemos ser reactivos para dar respuestas rápidas a los brotes epidémicos», constata Marion Koopmans, Jefa del Departamento de Virociencias del Erasmus MC de Rotterdam (Países Bajos) y referente mundial en la investigación sobre enfermedades víricas zoonóticas y virus emergentes.
Desde la aparición del brote epidémico más destacado en la actualidad, el de Ébola en África Occidental, se ha reforzado mucho más la investigación prospectiva. «Tenemos el objetivo de estar mejor preparados para detectar las enfermedades infecciosas emergentes lo antes posible y frenar su impacto», indica Koopmans. La viróloga añade que «necesitamos entender qué provoca la emergencia de las enfermedades víricas. Humanos y animales convivimos en los ecosistemas y, por tanto, también interaccionamos con los vectores. Debemos ser capaces de identificar cualquier cambio o desequilibrio que nos indique cuando el riesgo de brotes epidémicos es más alto».
Otro reto de los expertos es predecir cuáles son los patógenos candidatos a futuros brotes emergentes. «Si identificamos el patógeno con más probabilidades de desencadenar un brote epidémico podremos desarrollar mejor las medidas de prevención y de control. Sin embargo, nos encontramos con enfermedades impredecibles, hay que invertir más en la investigación genérica sobre los virus», concluye Koopmans.














