Mucho antes de que los mares del Cámbrico se poblaran de trilobites con caparazones rígidos y depredadores voraces como Anomalocaris, nuestro planeta albergó una de las comunidades de organismos más extrañas y fascinantes de la historia biológica. Durante el periodo Ediacárico (hace entre 635 y 538 millones de años), los fondos marinos estaban dominados por criaturas de cuerpo blando, aspecto acolchado y formas geométricamente desorientadoras.

Durante décadas, la comunidad científica ha intentado descifrar el rompecabezas que plantea este «experimento» primigenio de la vida compleja. ¿Eran estos seres los abuelos lejanos de la fauna moderna o pertenecían a un reino biológico completamente extinguido?

1. El enigma taxonómico: ¿animales, plantas o algo desconocido?

El primer reto al estudiar los fósiles ediacáricos radica en clasificarlos. A diferencia de las conchas y esqueletos mineralizados que abundan a partir del Cámbrico, los organismos ediacáricos carecían de partes duras. Sus huellas quedaron impresas en el sedimento como impresiones similares a colchones inflables, frondas vegetales o discos concéntricos.

-Dickinsonia: Con forma de disco ovalado aplanado que podía superar el metro de longitud, exhibía una simetría desfasada (isomería) que no se ajusta con claridad a la simetría bilateral típica de los animales modernos. Análisis moleculares recientes han hallado restos de colesterol en sus fósiles, confirmando su naturaleza animal, aunque su anatomía sigue desconcertando.