El dinero de Wall Street que acaba en el bolsillo de figuras de la política se asemeja al beso del diablo, y la mejilla del expresidente Barack Obama parece enrojecida luego de que se reveló que cobrará 400.000 dólares por dar un discurso en un evento del banco de inversión Cantor Fitzgerald.

Voces a derecha e izquierda han criticado a Obama por su decisión de aceptar ese dinero, y otros han salido en su defensa. Unos señalan que aceptar ese dinero es una suerte de traición de los valores que defendió en su presidencia, otros que no luce bien si se compara con la pobreza y falta de oportunidades que abruma a millones. Y se le ha defendido diciendo que Obama no está ya implicado en política ni tiene conflicto de interés, que muchos otros expresidentes han dado discursos pagados y que todo individuo tiene el derecho, en una sociedad capitalista que exalta el éxito económico, a ganar lo máximo posible.

El expresidente Barack Obama ha recibido fuertes críticas por aceptar cobrar 400,000 dólares por un discurso ante ejecutivos de un banco de inversión. (AP)

Pero como en las circunstancias actuales todo se encuentra altamente politizado (y algunos tienen ansia de revancha ante el expresidente), los 400.000 dólares que Obama cobrará por ese discurso han desatado convulsión y ataques políticos.

El frenesí ha sido tal que, como se reporta en USA Today, legisladores republicanos planean resucitar una iniciativa de ley que acotaría el dinero que reciben los expresidentes como pensión y para cubrir gastos de sus colaboradores, oficinas y viajes.

En 2016, esa propuesta, que avanzó en el Congreso, acotaba esa suma a 200.000 dólares de pensión y 200.000 dólares para gastos. Y si el ingreso del expresidente superaba los 400.000 entonces los recursos públicos que recibe se reducirían “dólar por dólar”. Esa iniciativa, al final, fue vetada por Obama.

Pero si estuviese vigente, los 400.000 que Obama cobrará por su discurso simplemente borrarían por sí mismos la suma para pensión y gastos del expresidente. Y dado que el resto de los exmandatarios obtienen importantes ingresos, la medida acabaría afectando también a Bill Clinton, los dos George Bush y Jimmy Carter, sobre todo en lo concerniente a la operación de sus oficinas y en el empleo de sus colaboradores.

Así, varios republicanos están ansiosos de poner a votación esa ley, con la expectativa de que sea aprobada en el Congreso (hay demócratas muy receptivos a ella) y con la suposición de que Donald Trump en este momento no la vetará. Y muchos se preguntan con un amplio grado de legitimidad por qué los contribuyentes deben pagar tanto dinero para sufragar gastos de exfuncionarios que ya no tienen actividad oficial y obtienen, por sí mismos, cuantiosos ingresos.

Con todo, ambas conjeturas podrían topar con pared en el Congreso y lucirían como un embate demasiado personalizado en contra de Obama, además de que no es claro que el propio Trump desee quedarse sin pensión ni ayuda de gastos cuando deje la presidencia dado que, es de suponer, su ingreso entonces será superior a 400.000 dólares al año.

Barack Obama anunció el proyecto del campus de su fundación y biblioteca en Chicago y que donará 2 millones de dólares a programas de verano para jóvenes en esa ciudad. (AP)

La vinculación con Wall Street y la presunta rendición ante sus designios fueron látigos con los que varios de los candidatos en la pasada elección presidencial estadounidense se fustigaron entre sí. Bernie Sanders e incluso Trump (quien con todo ha integrado su gabinete con multimillonarios y figuras salidas del entorno de la especulación financiera) acusaron a sus rivales de estar sometidos al gran capital, y eso les dio en su momento dividendos en votos. Incluso Hillary Clinton, quien nunca reveló el contenido de discursos que dio a ejecutivos de Goldman Sachs, clamó por una reforma de Wall Street para evitar crisis generadas por la avaricia y mitigar la desigualdad.

Ahora, el asunto se revira contra Obama, quien por lo demás no se quedará desamparado si no cobrase por ese discurso o si le quitan su pensión y dinero para gastos, pues él posee ya un patrimonio sustantivo e ingresos muy jugosos, por ejemplo, por la publicación de libros. ¿Qué tanto hay de defensa de principios, deseo de revancha o hasta envidia en las críticas por esos 400.000 dólares y en el afán de resucitar una ley específicamente motivada en ello?

Sea como sea, en la balanza convendría añadir el reciente anuncio, como se informó en The Hill, de que Barack y Michelle Obama donarán 2 millones de dólares para programas de verano para jóvenes del sur de Chicago. Esos esquemas son cruciales para ampliar las opciones educativas y deportivas para adolescentes y para apartarlos de las pandillas y la violencia callejera.

En ese sentido, podría decirse que si los 400.000 de Wall Street acaban en la columna de las actividades en beneficio de la juventud de bajos recursos, el esquema bien vale una misa, o un discurso ante Cantor Fitzgerald. Quizá una suerte de Robin Hood que toma de los más ricos y lo da, con un plus, a los pobres.