Cada once años, el campo magnético del Sol se invierte. Las manchas solares, que son regiones de la superficie solar menos brillantes y menos calientes que el resto, denotan una intensa actividad magnética y a menudo desencadenan erupciones solares. Estas manchas aparecen en latitudes medias y migran hacia el ecuador del Sol describiendo un patrón en forma de mariposa antes de desvanecerse al reiniciarse el ciclo. Si bien este espectáculo en la superficie del Sol ha sido visible para los astrónomos desde hace mucho tiempo, el mecanismo de puesta en marcha de este ciclo en el interior de nuestra estrella ha venido permaneciendo oculto. Hasta ahora.
Krishnendu Mandal, del Instituto Tecnológico de Nueva Jersey (NJIT), y Alexander G. Kosovichev, de la NASA, en Estados Unidos, ambas instituciones, analizaron casi tres décadas de datos de oscilaciones solares para rastrear la dinámica interna del Sol.
Los resultados de su minucioso análisis indican que la “dinamo” solar (el “motor” magnético que rige los ciclos de 11 años y las erupciones del Sol, opera aproximadamente a 200 000 kilómetros bajo la superficie solar, una longitud equivalente a apilar 16 Tierras una sobre otra.
A esa profundidad, existe una capa de transición crítica llamada tacoclina. Esta delgada frontera separa la turbulenta zona de convección exterior del Sol (donde el plasma se agita y asciende) de su interior radiativo estable.
A través de la tacoclina, la rotación del Sol cambia abruptamente, generando fuerzas capaces de energizar el magnetismo solar.
“Las bandas de rotación que se originan a partir de cambios estructurales magnéticos cerca de la tacoclina solar pueden tardar varios años en propagarse hasta la superficie”, explica Mandal. “El seguimiento de estos cambios internos nos permite comprender mejor cómo se desarrolla el ciclo solar. Durante años se ha venido sospechando que la tacoclina era importante para la dinamo solar, pero ahora contamos con evidencia observacional clara”.














