Milcíades Mateo es un hombre de campo. Llegó a la capital en el año 1974 con la ilusión de incursionar en el mundo del comercio de los libros. Cuenta para LISTÍN DIARIO cómo años atrás le resultaba rentable su librería, pero lo entristece ver cómo desde la pandemia y la digitalización todo ha cambiado.

Hoy sólo uno que otro turista lo visita, y se sorprende de los tesoros bibliográficos que todavía conserva. Pero son pocas las personas que entran al lugar, tal vez huyéndole a las condiciones en que se encuentra y al peligro de ser agredido por posibles delincuentes.

En una visita realizada por periodistas de este medio a la ‘Librería Mateo’, ubicada en la calle Jacinto De La Concha, se pudo observar que este espacio donde la literatura tiene lugar, se encuentra sucio, sin luz, sin ventilación, con la puerta de cristal rota, con carcoma en los libros y, por si fuera poco, con un fuerte olor a humedad y a la “pobreza” que exhibe su entorno.

No hay que dar muchas vueltas para darse cuenta que Milcíades Mateo, propietario de lo que él llama librería, necesita con urgencia la atención de las autoridades. No sólo su bolsillo está afectado, su salud también corre peligro.