Unos investigadores están planteando nuevas preguntas sobre las implicaciones para la salud y la seguridad de los usuarios de impresoras 3D y los consumidores de productos fabricados con esta tecnología emergente, especialmente los niños.

 

Este tipo de impresión se utiliza cada vez más en los hogares, las escuelas, las bibliotecas y otros espacios en los que la gente suele pasar mucho tiempo. Las partículas liberadas durante el proceso de impresión, que son lo suficientemente pequeñas como para infiltrarse profundamente en los pulmones, pueden afectar a la calidad del aire interior y a la salud pública. El amplio uso de las impresoras 3D para fabricar caretas, respiradores y otros equipos de protección personal para la COVID-19 ha creado una nueva urgencia en estas cuestiones.

 

Los materiales básicos utilizados en las impresoras 3D incluyen termoplásticos, metales, nanomateriales, polímeros y productos químicos orgánicos volátiles y semivolátiles. El proceso de impresión puede durar varias horas, y durante este tiempo se pueden liberar una serie de subproductos químicos y partículas en los ambientes interiores.

 

Dadas estas incógnitas, los científicos han comenzado a realizar estudios para comprender estas liberaciones y su composición específica, el tamaño de las partículas y el tiempo de presencia en el medio ambiente interior, produciendo datos que pueden incorporarse a evaluaciones sólidas de la exposición y los riesgos.