Para el artesano Carlos Pérez es en el merengue donde más se refleja la dominicanidad, por el toque de la tambora. “Se puede tocar tambora sin güira, pero no merengue sin tambora”, expresó con la emoción que le invadía, mientras le daba al bejuco de una tambora con un garrotico para ensamblarla.
La tambora acompaña a diferentes bailes como el merengue, pambiche, polka, mazurca, guayubín, yuca, mangulina, carabiné, entre otros, y a la comarca, danza liborista, presente en fiestas en honor a santos, en algunas regiones del sur del país.
Carlos Pérez, conocido también como “Carlos Tambora” es uno de los más populares fabricantes de este instrumento musical que nos identifica como dominicanos. Aunque a inicio de los 70 “cogió mucha pela” tocando con varios grupos musicales, fue en 1976 cuando se mudó al barrio San Carlos y aprovechó la cercanía del taller del difunto Tavárez, en la calle Juan de Morfa con Abreu, para ayudarle en la fabricación de ese instrumento.
Dejó la música por la artesanía
Luego se dio cuenta que la elaboración de tamboras dejaba más beneficios y ya tiene más de cuatro décadas en esos menesteres con una clientela de músicos, turistas y diferentes iglesias que les encargan este membranófono para amenizar fiestas, cultos y hasta como objeto decorativo.














