La primera infancia es la etapa de desarrollo más significativa de la vida del ser humano, pues es cuando se establecen las bases para el bienestar integral, el aprendizaje a lo largo de la vida y la participación social (UNICEF, 2017).

Para garantizar que la educación inicial sea de calidad, justa y responda a los retos de este siglo, hay que apostar por la innovación, repensar las prácticas y enfoques que se utilizan en ella.

Más allá de integrar tecnología, innovar en educación tiene más que ver con para qué y cómo se utilizan los recursos. “Se trata de hacer las cosas de una manera distinta o novedosa, no necesariamente inventar desde cero”, explica Laura Amelia Núñez, licenciada en Educación Temprana y experta en tecnología educativa y dinamización de la docencia.