Desde que despegó en diciembre de 2014 y tras casi cuatro años de viaje alrededor del Sol, la sonda Hayabusa 2 llegó el pasado junio al asteroide Ryugu, donde también se posó unos instantes el pasado mes de febrero par tomar muestras de este lejano objeto, situado a 280 millones de kilómetros de nuestro planeta.
El objetivo de esta misión de la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón (JAXA) es traer las muestras a nuestro planeta, pero también estudiar a Ryugu desde el espacio con una amplia gama de cámaras e instrumentos. Su análisis ofrecerá nuevos detalles sobre el origen del sistema solar y la vida en la Tierra.
Aunque los materiales recogidos no llegarán hasta el 2020, los resultados iniciales de la misión, presentados esta semana en tres investigaciones en la revista Science, describen la forma, la densidad y la composición geológica de este cuerpo celeste, que se formó a partir de escombros de otros objetos.
“Gracias a los datos combinados sabemos que se trata de un asteroide carbonoso (los llamados de tipo C) que probablemente se formó a partir de fragmentos generados por la colisión de otros cuerpos. Tiene forma de peonza, que se pudo modelar en un periodo de rotación rápida”, declara a Sinc el investigador del Instituto de Ciencia Aeronáutica y Espacial Sei-Ichiro Watanabe, líder del primer estudio.
“Es la primera vez que Hayabusa 2 visita Ryugu, así que todo es nuevo: su baja densidad relacionada con su interior altamente poroso, su forma, su color y su abundancia de rocas”, afirma el experto.














