Soportar la alta radiación reinante cerca de Júpiter es todo un reto. Ese entorno es uno de los de mayor radiación de todo el sistema solar. Resulta mortal para el ser humano y es capaz de dañar la electrónica a bordo de las naves.
La sonda espacial Juno de la NASA partió de la Tierra en 2011 y entró en órbita al planeta Júpiter en 2016. Desde entonces, gira en torno a él, sobrevolándolo a corta distancia periódicamente. Su misión también incluye efectuar sobrevuelos a algunas de las lunas en torno al planeta.
Para proteger a los sistemas de la nave más vulnerables, se optó por resguardarlos dentro de una especie de coraza. Esto permite interceptar buena parte de la radiación. Pero el riesgo no es cero, como demuestra la odisea que ha vivido recientemente la Juno.














