Una investigación así lo confirma, y predice sitios de la Luna especialmente propensos a sufrir terremotos y deslizamientos de tierras como consecuencia del proceso.
El estudio es obra de un equipo integrado, entre otros, por Thomas R. Watters, del Instituto Smithsoniano, y Nicholas Schmerr, de la Universidad de Maryland, ambas instituciones en Estados Unidos.
La Luna se ha encogido unos 50 metros de circunferencia al enfriarse gradualmente su núcleo durante los últimos cientos de millones de años. Del mismo modo que una uva se arruga cuando se reduce a una pasa, la Luna también se arruga al encogerse. Pero, a diferencia de la piel flexible de una uva, la superficie lunar es quebradiza, lo que provoca la formación de fallas en las secciones de la corteza que se empujan unas contra otras.
Watters y sus colegas han hallado evidencias de que este continuo encogimiento de la Luna ha provocado una notable deformación de la superficie en su región polar sur, incluidas las zonas que la NASA propuso para los alunizajes tripulados de la misión Artemis III. Dado que la formación de fallas provocada por el encogimiento de la Luna suele ir acompañada de actividad sísmica, incluyendo terremotos lunares potencialmente peligrosos, las ubicaciones que estén dentro de estas zonas de fallas o cerca de ellas podrían suponer un peligro para los astronautas.
Los autores del estudio han relacionado un grupo de fallas situadas en la región polar sur de la Luna con uno de los terremotos lunares más potentes registrados por los sismómetros del programa Apolo hace más de 50 años. Utilizando modelos para simular la estabilidad de las pendientes superficiales de la región, el equipo descubrió que algunas zonas eran especialmente vulnerables a los corrimientos de tierra provocados por las sacudidas sísmicas.














