Hace poco se anunció que el gobierno de Tanzania le ha otorgado a Idris Elba un terreno en el archipiélago para el desarrollo de unos estudios de cine. El objetivo, según el portavoz de la presidenta zanzibareña, es ayudar al desarrollo de África: «Si tiene éxito, el proyecto ayudará no sólo a Tanzania sino también a África oriental y central».
El cine y la identidad son elementos inseparables. Por eso, las naciones necesitan el séptimo arte como artilugio representativo ante el mundo: el cine es la voz de cada identidad cultural. He ahí el motivo por el cual el arte cinematográfico, y en este caso el desarrollo de una industria cinematográfica en África, podría germinar esa voz que, a día de hoy, ha sido olvidada y, lo que es peor, usurpada por el idealismo del subdesarrollo tan característico de Hollywood. Porque la historia del cine africano comprende un vasto número de vaivenes que hacen de ella un conjunto inmenso, aunque marginado. Las guerras y la pobre situación socioeconómica del continente han acabado con sus películas desaparecidas y algunas encontradas en estados lamentables por toda Europa.














