Los planetas se forman a partir de discos de gas y polvo alrededor de estrellas jóvenes, pero la materia prima necesaria para su crecimiento no dura para siempre. Nuevas observaciones realizadas mediante el telescopio espacial James Webb ofrecen ahora una nueva perspectiva de cómo se disipa este material y cómo cambia el proceso a medida que van formándose los planetas y que el sistema planetario en cuestión madura. Esta es una de las investigaciones más extensas sobre la formación de planetas realizadas con el telescopio Webb.
El análisis de las observaciones lo ha llevado a cabo un equipo integrado, entre otros, por Naman S. Bajaj, de la Universidad de Arizona, y Uma Gorti, del Instituto SETI, en Estados Unidos ambas instituciones. El Telescopio Espacial James Webb (JWST) es fruto de una colaboración internacional encabezada por la NASA, la ESA y la CSA, respectivamente las agencias espaciales estadounidense, europea y canadiense.
Los autores del estudio analizaron 72 estrellas jóvenes, similares al Sol, y sus discos protoplanetarios. Han constatado cómo, en una amplia muestra de sistemas jóvenes, los mecanismos que eliminan el gas de los discos formadores de planetas cambian con el tiempo. La dispersión de la materia del disco establece un reloj fundamental para la formación de planetas: una vez que el gas desaparece, la oportunidad de que se formen planetas ricos en gas prácticamente se acaba.
En los sistemas más jóvenes, en los cuales la estrella todavía recibe materia de su entorno, las observaciones revelan fuertes chorros de materia y vientos estelares extensos, compuestos tanto de gas molecular como atómico. Estos flujos coinciden con lo previsto por las teorías más aceptadas sobre los vientos impulsados por campos magnéticos que atraviesan el disco. El gas puede viajar a lo largo de estas líneas de campo magnético, alejándose del disco y llevándose consigo masa y momento angular.














