Parada desde hace cinco días en el desierto junto a una carretera y bajo el fuerte sol, la venezolana Rosmary Morales miraba el viernes con impotencia la muralla de policías peruanos de un lado y chilenos del otro.

Quiere salir de Chile porque tiene los documentos vencidos y el costo de vida se ha vuelto inalcanzable para sus modestos ingresos. Pero la mujer, nacida en el estado venezolano de Zulia, nunca imaginó sentirse tratada como “un perro”.

“Muchas madres ahí, con niños, con gripe, fiebre, con diarrea, con vómitos constantes, deshidratados, sin poder comer un buen almuerzo, sin bañarnos”, describió con amargura a The Associated Press la mujer de 45 años y cuya hija estudiaba en una universidad chilena.

Entonces pensó en voz alta y buscó un motivo para la actitud de las autoridades migratorias de ambos países. “A lo mejor ellos tienen esa conducta porque hay venezolanos que a lo mejor han hecho mal, pero no podemos generalizar… hay personas honestas, trabajadoras, que salimos a dar el todo por el todo, no todos salimos a dejar mal parado a Venezuela”, dijo.

Las declaraciones de Morales se produjeron mientras Perú analiza con Chile y Ecuador la posibilidad de crear un corredor humanitario para los cientos de migrantes venezolanos, colombianos y haitianos varados desde hace dos semanas en la línea de la frontera chilena-peruana.