La búsqueda de inteligencia extraterrestre (SETI) consiste en buscar pruebas de inteligencia extraterrestre originada más allá de la Tierra, tratando de detectar indicios de tecnología avanzada no humana, que podría haber sido desarrollada por civilizaciones alienígenas. La técnica más común es la búsqueda de señales de radio. La radio es un medio excelente para enviar información a través de las increíbles distancias que separan las estrellas; atraviesa rápidamente el polvo y el gas que a menudo se interponen entre las estrellas y la Tierra, y lo hace a la velocidad de la luz (unas 20.000 veces más rápido que nuestros mejores cohetes). Muchos proyectos SETI utilizan antenas de tipo parabólico gigantes para captar las señales de radio que puedan transmitir hipotéticos extraterrestres.

 

Cuando se reflexiona sobre la probabilidad de descubrir vida extraterrestre tecnológicamente avanzada, la pregunta que suele surgir es: «si están ahí fuera, ¿por qué no los hemos encontrado todavía?». Y, a menudo, la respuesta es que solo hemos buscado en una ínfima parte de la galaxia. Además, los algoritmos desarrollados hace décadas para los primeros ordenadores pueden resultar anticuados e ineficaces cuando se aplican a conjuntos de datos modernos a escala de petabytes. Y la tendencia es que la cantidad de datos a escrutar siga aumentando a pasos gigantescos, teniendo en cuenta que las innovaciones tecnológicas en el campo de la búsqueda de inteligencia extraterrestre (SETI por sus siglas en inglés) permiten escrutar el cosmos a una escala cada vez mayor.

 

Ahora, el equipo de Peter Ma, de la Universidad de Toronto en Canadá, y Cherry Ng, del Instituto SETI en Estados Unidos, ha aplicado una técnica de aprendizaje profundo (una modalidad de inteligencia artificial) a un conjunto de datos previamente estudiado de estrellas cercanas y ha descubierto ocho señales intrigantes que en su día fueron pasadas por alto.