Hoy entendemos la inclusión de una manera muy distinta a como la concebíamos hace apenas unas décadas. 

Ya no se trata de integrar a unos pocos en estructuras pensadas para unos cuantos, sino de reconocernos como una comunidad diversa, donde todas las personas, en su pluralidad de cuerpos, trayectorias e identidades, tienen derecho a participar plenamente.