Se acabaron las avellanas rancias: unos científicos han desarrollado un método para identificar las partidas de estos frutos secos dañados debido a la oxidación.

 

El equipo de científicos lo encabeza Jokin Ezenarro, de la Universidad Rovira i Virgili (URV) en Tarragona.

 

Cataluña es tierra de frutos secos, especialmente las comarcas del sur del país. Si bien la almendra es —con bastante diferencia— la reina del sector, la avellana se sitúa en segundo en términos de producción anual. En el ámbito catalán hay más de noventa cooperativas que trabajan con frutos secos. Globalmente, comercializan producción por un importe superior a los 75 millones de euros y están bastante orientadas a la exportación. En el caso de la avellana, la mayoría de cooperativas que la tratan están en la demarcación de Tarragona, según datos de la Federación de Cooperativas agrarias de Catalunya.

 

Las buenas prácticas en el tratamiento, almacenamiento y distribución de este producto son cruciales para evitar pérdidas y garantizar su calidad a largo plazo. En el caso de las avellanas, la oxidación de los ácidos grasos insaturados que contienen hace que se vuelvan rancias. El contacto con el oxígeno y la acción de la luz propician estas reacciones. «Esto significa que la velocidad de oxidación aumenta cuando los frutos no son almacenados correctamente», explica Jokin Ezenarro, investigador del Departamento de Química Analítica y Química Orgánica de la URV y autor principal de la investigación.