Se ha descubierto que unos huesos, previamente considerados de animales, y que fueron usados como colgantes por personas de finales del periodo Mesolítico en lo que hoy es Rusia, son en realidad de origen humano. El macabro hallazgo plantea diversas preguntas: ¿De quién eran los huesos y cómo se adquirieron? ¿Las personas que llevaban los colgantes sabían de qué huesos estaban hechos? ¿Importaba el origen de los huesos?

 

Los colgantes provienen de tumbas del yacimiento arqueológico de la isla de Yuzhniy Oleniy Ostrov, situada en el lago Onega de Rusia. En este yacimiento se vienen realizando excavaciones desde la década de 1930. Son ya 177 las tumbas en las que se ha excavado para extraer sus restos mortales y los objetos que los acompañaron.

 

A juzgar por los colgantes hechos con dientes de animales y por pequeñas esculturas, el alce euroasiático, el castor y el oso pardo eran animales importantes para las personas de esa época y lugar. Aunque hay colgantes hechos con huesos que claramente no son humanos, otros colgantes están hechos con huesos cuya naturaleza no puede identificarse a simple vista. En su día, se dio por hecho que también provenían de animales.

 

Sin embargo, el equipo de Kristiina Mannermaa, profesora de la Universidad de Helsinki en Finlandia, no se fió de esa interpretación y por eso envió esos colgantes de huesos no identificados a un laboratorio en el que fueron analizados mediante una técnica, basada en la espectrometría de masas, que puede identificar especies animales a partir de sus péptidos, extraídos de proteínas contenidas en muestras extremadamente pequeñas de hueso.