Para el magnate cubano del azúcar, Juan Pedro Baró, nada sería demasiado lujoso para depositar los restos de la gran pasión de su vida, Catalina Lasa, fallecida en 1930. Como la leyenda de esta pareja, el Cementerio de Colón en La Habana atesora conmovedoras historias de amor.
«En el cementerio hay muchas historias de amor», declara a la AFP el cantautor Mario Darias, de 66 años, apasionado de las anécdotas de la necrópolis habanera, fundada en 1876 y que ocupa unas 50 hectáreas en el corazón de la ciudad.
Héroes de la independencia, escritores, músicos, pintores y médicos ilustres están enterrados en este cementerio, cuya riqueza arquitectónica y escultural lo convierten en uno de los más famosos del mundo.
Allí hay amores secretos, prohibidos o frustrados que lograron superar toda oposición. El poder de este sentimiento es celebrado incluso en la muerte y sacralizado con el paso del tiempo, mezclando realidad














