Varios días han pasado ya desde aquel fatídico evento en el que la alegría se apagó de golpe. Del baile, se pasó al miedo; del ritmo, al silencio pesado de la incertidumbre.

A pesar del tiempo, el dolor persiste. El clima está cargado de la sensación de pérdida. De seres queridos, de seguridad y confianza… También hay quienes lidian con un duelo difícil de comprender hasta por ellos mismos.

Aquellos que estuvieron tan cerca de la muerte a pesar de no haber sido víctimas directas y que avanzaron hacia el peligro en vez de huir de él, para tender una mano de esperanza.