La historia del ordenador personal (PC) es algo más que una crónica de circuitos y silicio; es el relato de cómo una herramienta de cálculo reservada a gobiernos y corporaciones se convirtió en una extensión de la mente humana. Hoy, cuando llevamos una potencia de procesamiento incalculable en el bolsillo, conviene recordar el momento en que la informática dejó de ocupar habitaciones enteras para caber en una mesa de madera.

El Amanecer de la Microinformática: Rompiendo las Cadenas de la Mainframe

Hasta mediados de la década de 1970, el concepto de «ordenador personal» era casi una contradicción. Los ordenadores eran las mainframes: colosos que requerían aire acondicionado especializado y un ejército de técnicos.

El punto de inflexión llegó en 1975 con el Altair 8800. Aunque carecía de teclado y pantalla (se programaba mediante interruptores), este kit basado en el procesador Intel 8080 demostró que existía un mercado de entusiastas hambrientos de computación doméstica. Fue el chispazo que inspiró a dos jóvenes, Bill Gates y Paul Allen, a fundar Microsoft.

Los Tres Grandes de 1977

Si 1975 fue el chispazo, 1977 fue el incendio forestal. Tres máquinas llegaron al mercado para demostrar que el PC era un producto de consumo viable:

-Apple II: Diseñado por Steve Wozniak, fue el primer ordenador con gráficos a color y una arquitectura abierta que permitía expandir sus capacidades.

-Commodore PET: Un diseño «todo en uno» que dominó las escuelas.

-TRS-80: El modelo de Tandy/Radio Shack que llevó la informática a las masas gracias a su red de tiendas minoristas.