El estudio de dos casos recientes de colisión entre agujeros negros y fusión inmediata entre ambos, está permitiendo conocer mejor los entresijos de estas colisiones, las más violentas del universo. Los datos recolectados en las observaciones de este estudio revelan detalles exóticos e incluso abren nuevas vías de investigación para buscar, si es que existen, partículas elementales aún desconocidas que serían capaces de extraer energía de los agujeros negros.

 

Este estudio es obra de un extenso equipo de científicos, vertebrado en torno a la Colaboración internacional LIGO-Virgo-KAGRA, que emplea de manera coordinada los tres detectores de ondas gravitacionales con esos respectivos nombres. El Observatorio de Ondas Gravitacionales por Interferometría Láser (LIGO), en Estados Unidos, consta de dos detectores, emplazados en puntos distintos del territorio continental de ese país. El detector de ondas gravitacionales Virgo está ubicado en Italia. El KAGRA se halla en Japón. Entre los tres conforman una eficaz red global de búsqueda de ondas gravitacionales.

 

Las ondas gravitacionales son “ondulaciones” o “arrugas” en el espacio-tiempo que se generan en fenómenos cósmicos extremos, en los que intervienen masas grandes. Un fenómeno de esta clase es la colisión y fusión entre dos agujeros negros.

 

El equipo de investigación está formado, entre muchos otros, por Adrian Abac del Instituto Max Planck de Física Gravitacional (Instituto Albert Einstein) en Alemania, y Carl-Johan Haster, de la Universidad de Nevada en Las Vegas (UNLV) en Estados Unidos.