El metro pasa repiqueteando a intervalos regulares por el llamativo puente Oberbaum, y por debajo de él navegan algunos barcos de excursión por el río Spree. En la orilla del lado del barrio berlinés de Kreuzberg, un edificio de oficinas con fachadas de cristal ofrece una terraza con vista al río. Durante el día, es un lugar bastante tranquilo.

Pero los fines de semana, poco antes de la medianoche, largas filas de gente se forman en la entrada para ingresar al Watergate, desde hace 22 años, la discoteca más famosa de la capital alemana. Un baluarte de la música electrónica en un edificio de dos niveles, para festejar y bailar mirando el paisaje del Spree. El Watergate se mantuvo en la escena de los clubes de fiesta berlineses durante mucho tiempo, pero ahora ha llegado su fin.