Cuando era un niño, su padre solía tener unas pequeñas abejas sin aguijón en una cajita de madera, en el patio de su casa; eran abejas mariolas, que utilizaba como polinizadoras en su papayal, en Cariari de Pococí, Limón, Costa Rica.


Sin embargo, Juan Carlos Cambronero Heinrichs nunca imaginó que años más tarde, como estudiante de la Universidad de Costa Rica (UCR), la academia lo pondría de nuevo frente a esos laboriosos insectos, como investigador en un tema crucial para la humanidad: la búsqueda de nuevos antibióticos para el tratamiento de enfermedades humanas.

Cambronero, de 26 años, realizó su tesis ―para optar a la Licenciatura en Microbiología― en la identificación de bacterias asociadas a las abejas Tetragonisca angustula con capacidad para producir antibióticos. Esta cualidad las convierte en una especie promisoria entre los insectos sociales para obtener nuevas sustancias con propiedades antimicrobianas.

Las mariolas son nativas de Mesoamérica y desde la época precolombina fueron cultivadas por algunas culturas, que les atribuían poderes sagrados. En Latinoamérica, su miel es muy apreciada por las propiedades curativas de quemaduras e infecciones de la piel y los ojos; incluso, es utilizada en las peleas de gallos para aplicarla en las heridas de estos animales.