Parece ciencia-ficción: una nave espacial, no más pesada que un clip, propulsada por un rayo láser y que viaja por el cosmos a una velocidad cercana a la de la luz, hasta llegar a las inmediaciones de un agujero negro, con la misión de explorar allí la distorsión del espacio-tiempo ejercida por el agujero y poner a prueba las leyes de la física. Pero para el astrofísico y experto en agujeros negros Cosimo Bambi, la idea no es tan descabellada.
Bambi, del Centro de Astronomía y Astrofísica de la Universidad Fudan en Shanghái, China, ha completado una investigación sobre las bases teóricas de esta misión y ha elaborado el plan general para hacer realidad este viaje interestelar a un agujero negro. De tener éxito, esta misión de un siglo de duración podría proporcionar datos valiosísimos sobre los agujeros negros y quizá revolucionar la física.
El estudio ha sido financiado por la Fundación Nacional de Ciencias Naturales de China.
Aunque actualmente no existe la tecnología necesaria para emprender esta misión, podría estar disponible dentro de 20 o 30 años.
El éxito de la misión depende de superar dos retos clave: encontrar un agujero negro lo bastante cerca de la Tierra como para viajar a él en un plazo razonable; y desarrollar una micronave capaz de resistir el viaje, de realizar las observaciones científicas necesarias y de enviar la información a la Tierra, todo ello pese al minúsculo tamaño de tan singular sonda interestelar.
Lo que se sabe hoy en día sobre la evolución de las estrellas sugiere que podría haber un agujero negro de masa estelar reposando discretamente a tan solo 20 o 25 años-luz de la Tierra. Pero encontrarlo no será fácil. Dado que los agujeros negros no emiten ni reflejan luz, son prácticamente invisibles para los telescopios. Solo se les puede detectar y estudiar por cómo influyen en las estrellas cercanas o por cómo distorsionan la luz que pasa cerca de ellos.














