La cuenca Aitken del polo sur de la Luna es el mayor y más antiguo cráter visible de nuestro satélite natural. La cuenca es una enorme cicatriz geológica de 4.000 millones de años de antigüedad que guarda secretos sobre la historia arcaica de la Luna, como si se tratase de una cápsula del tiempo lunar.
Basándose en algunas características de la cuenca, la comunidad científica pensó que el cráter tenía forma de óvalo o elipse. Durante años, los científicos creyeron que este enorme cráter se había formado por un objeto que golpeó la Luna desde un ángulo pequeño, posiblemente tan pequeño con respecto a la superficie como el de una piedra lanzada horizontalmente contra el agua y que va saltando sobre esta. Según esta teoría, muy pocos restos del impacto habrían salpicado el polo sur lunar, que es la región de aterrizaje de las próximas misiones Artemis para reanudar las visitas de seres humanos a la superficie lunar.
Sin embargo, un nuevo estudio, a cargo de un equipo encabezado por Hannes Bernhardt, de la Universidad de Maryland en Estados Unidos, sugiere que el impacto pudo haber sido mucho más directo, dando lugar a un cráter mucho más redondo, un hallazgo que desafía las creencias actuales más aceptadas sobre la historia temprana de la Luna, con importantes implicaciones para las futuras misiones de la NASA a la Luna.














