Hace ya casi una década el ingeniero informático José Manuel del Río fundó una start-up llamada Aisoy Robotics, ubicada en el Parque Científico de la Universidad Miguel Hernández (Elche, Alicante). “La idea era desarrollar robots sociales con inteligencia artificial a un precio asequible para ámbitos como la educación y acompañamiento de personas mayores”, comenta a Sinc.
En colaboración con David Ríos, catedrático del Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT) y director científico de esta empresa, crearon el primer modelo: Aisoy 1, que la firma denominó “el primer robot emocional de consumo”.
Estos pequeños autómatas, de unos 22 centímetros de altura, ya van por su sexta generación. Sus últimas versiones son Aisoy KIK y Aisoy EMO. “Están basados en Raspberry Pi 3, son fácilmente programables con Scratch y cuentan con sensores y actuadores por todo su cuerpo que les permiten recopilar información del entorno que les rodea y actuar sobre él”, indica Ríos a Sinc.
Según explica Ríos, “han sido diseñados para desplegar emociones que se manifiestan en gestos y diferentes tonos de voz, y son capaces de mostrar alegría, tristeza e incluso humor. Además, hablan y entienden inglés, francés y catalán, y pueden almacenar experiencias en su memoria para responder de manera similar a como lo haría una persona”.
Los robots de Aisoy Robotics, cuyos precios oscilan entre los 300 y los 400 euros, ya se están usando como herramienta de apoyo en más de cien centros educativos públicos y privados de España y otros países. Se han vendido unas 2.000 unidades en el mundo a lo largo de estos años, según la firma.
José Manuel del Río señala que, en un principio, no se habían planteado que sus robots sociales pudieran ser usados en terapias de niños con autismo “por puro desconocimiento”. Sin embargo, en 2015 “ocurrieron varias cosas que nos llevaron a plantearnos su posible utilidad en este ámbito”, destaca.














