Hace aproximadamente 4.600 millones de años, en un rincón turbulento del cosmos, una explosión estelar de proporciones titánicas pudo haber jugado un papel decisivo en el nacimiento del Sistema Solar. La hipótesis de que la onda expansiva de una supernova desencadenó el colapso de una nebulosa primigenia – el caldo de cultivo del Sol y sus planetas – ha ganado terreno en la comunidad científica.
La Hipótesis de la “Trigger Supernova”
Según la teoría nebular, el Sistema Solar se formó a partir del colapso gravitacional de una nube de gas y polvo. La hipótesis supernova propone que el shock generado por la explosión de una estrella masiva, situada en las proximidades de esta nube, comprimió el material y aceleró el proceso de formación estelar. Evidencias indirectas, como las anomalías en la composición isotópica de ciertos meteoritos, sugieren la presencia de isótopos de elementos pesados (como el aluminio-26 y el hierro-60) que solo pueden haber sido inyectados en la nebulosa por una explosión de supernova.
Evidencias en los Meteoritos
Los meteoritos más antiguos, considerados auténticos fósiles del Sistema Solar primitivo, contienen pequeñas inclusiones ricas en isótopos que se formaron en condiciones extremas. La presencia de ciertos isótopos, en particular del aluminio-26 y el hierro-60, coincide con los productos nucleosintéticos generados en las supernovas. Estos hallazgos no solo indican que elementos forjados en el interior de estrellas masivas llegaron al medio pre-solar, sino que además establecen un límite temporal muy ajustado: la inyección y mezcla de estos isótopos debió ocurrir en menos de 20.000 años para dar lugar a la homogeneidad observada hoy en día














