Recientemente, la sonda espacial OSIRIS-REx de la NASA activó sus propulsores durante 30 segundos y modificó su trayectoria hacia la Tierra. La corrección de rumbo resultante mantiene al vehículo en camino de entregar una muestra del asteroide Bennu a la Tierra el 24 de septiembre de 2023, completando así una misión de siete años.
La maniobra fue la primera vez que el equipo de control de misión de la OSIRIS-REx cambió la trayectoria de la nave desde que partió de Bennu el 10 de mayo de 2021.
Dejar la muestra en la Tierra, sin embargo, no es tan fácil como soltarla cerca de la Tierra y que la gravedad terrestre haga el resto. La OSIRIS-REx (Origins Spectral Interpretation Resource Identification Security – Regolith Explorer) debe acercarse a la Tierra a una velocidad y con una dirección precisas para arrojar con éxito su cápsula de retorno de muestras a la atmósfera terrestre. Tal y como advierte Mike Moreau, del equipo de la misión, si la cápsula vuela hacia la Tierra con un ángulo inadecuado, rebotará en la atmósfera. Ajustar el ángulo en sentido contrario para evitarlo puede hacer que la cápsula se queme en la atmósfera terrestre si se excede un límite.
La corrección de rumbo realizada hará que la menor distancia a la Tierra que alcance la OSIRIS-REx no sea superior a 2.200 kilómetros. De todos modos, una serie de maniobras que comenzarán en julio de 2023 ajustarán gradualmente la trayectoria de OSIRIS-REx para que la nave se acerque aún más a la Tierra. Estas maniobras deberían lograr que la nave pase a tan solo 250 kilómetros de la superficie de la Tierra, lo suficientemente cerca como para liberar su cápsula de muestras para un aterrizaje de precisión mediante paracaídas, en un polígono de pruebas que la Fuerza Aérea estadounidense tiene en Utah.














