La superconductividad es uno de los fenómenos más fascinantes y prometedores de la física moderna. Supongamos una corriente eléctrica que fluye eternamente, sin perder ni una sola pizca de energía en forma de calor. Hoy en día, este principio promete revolucionar desde los trenes de levitación magnética hasta la computación cuántica. Sin embargo, durante casi medio siglo tras su descubrimiento en 1911, nadie lograba entender por qué ocurría.

La respuesta llegó en 1957 de la mano de un joven físico neoyorquino cuya mente brillante cambió la física de la materia condensada para siempre: Leon Neil Cooper. Ganador del Premio Nobel de Física en 1972, la vida y obra de Cooper son un testimonio de cómo la audacia juvenil y el pensamiento disruptivo pueden resolver los enigmas más complejos del universo.

De las aulas de Nueva York a la vanguardia de la física

Leon Neil Cooper nació el 28 de febrero de 1930 en el seno de una familia judía en Nueva York. Desde muy joven demostró una agudeza intelectual sobresaliente, lo que lo llevó a graduarse en la prestigiosa Bronx High School of Science en 1947, una institución famosa por ser un semillero de mentes brillantes y futuros premios Nobel.

Cooper continuó su formación académica en la Universidad de Columbia, donde obtuvo su licenciatura, maestría y, finalmente, su doctorado en física teórica en 1954. Tras un breve periodo de investigación en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, su destino se cruzó con el de John Bardeen en la Universidad de Illinois en 1955. Ese encuentro cambiaría la historia de la ciencia.