Las bacterias y los virus son los principales causantes de las enfermedades infecciosas que afectan al ser humano y los culpables típicos de las pandemias. Pero hay una clase de patógenos contra los que no hemos tenido que luchar tanto: los hongos.

 

Los hongos patógenos (Candida, Aspergillus, Cryptococcus y otros) son notorios asesinos de personas inmunodeprimidas. Pero, en su mayor parte, las personas sanas no han tenido que preocuparse demasiado por esos hongos, y a la inmensa mayoría de los hongos potencialmente patógenos del planeta no les va bien el calor de nuestros cuerpos.

 

Sin embargo, todo eso quizá esté a punto de cambiar.

 

Un nuevo estudio llevado a cabo por el equipo de Asiya Gusa, de la Universidad Duke en Estados Unidos, ha revelado que el aumento de las temperaturas hace que un hongo patógeno conocido como Cryptococcus deneoformans ponga en marcha sus respuestas adaptativas. Esto aumenta su cantidad de cambios genéticos, algunos de los cuales podrían conducir a una mayor resistencia al calor, y otros tal vez hacia una mayor capacidad de infectar y enfermar a seres humanos.

 

En concreto, un calor más elevado hace que más elementos transponibles del hongo, o genes saltarines, cambien de sitio dentro del ADN fúngico, lo que provoca cambios en la forma en que tales genes se utilizan y regulan.