El bullying es un comportamiento antisocial dañino que está presente en las escuelas de todo el mundo. La implicación en el bullying, como agresores o víctimas, tiene serias consecuencias a corto y largo plazo para todos los miembros de la comunidad escolar, la familia y la sociedad en general, provocando problemas futuros relacionados con la depresión o dificultades en las relaciones sociales. Además, los estudios sobre bullying lo relacionan con el consumo de drogas, e incluso con la delincuencia.
Este comportamiento violento en los adolescentes es un asunto grave que debe abordarse con urgencia, ya que, aunque el bullying es un fenómeno cada vez mas estudiado, aún existen algunas lagunas sobre su estabilidad a lo largo del tiempo y los cambios que pueden generar en un mismo individuo, lo que se conoce como perspectiva longitudinal del desarrollo en los jóvenes.
La evolución del bullying y su manifestación en comportamientos específicos conforme avanza la edad de los adolescentes ha sido el tema analizado por un equipo internacional que incluye a los investigadores Izabela Zych y Vicente J. Llorent, de la Universidad de Córdoba (UCO) en España, junto con los científicos Manuel P. Eisner, David P. Farrington y Maria M. Ttofi de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) y Denis Ribeaud de la Universidad de Zúrich (Suiza). Este equipo ha identificado comportamientos específicos de acoso escolar en cada grupo de edad y cómo los adolescentes siguen involucrados en él, o por el contrario, escapan en algún momento antes de la adultez. Los recientes hallazgos del estudio han sido publicados en la revista Child Development, donde se explica cómo existe una evolución en la manera de acosar, que se vuelve menos física con la edad. En este sentido, el daño físico es la forma habitual en que se manifiesta el bullying en edades tempranas y las formas más sutiles, tales como los insultos y exclusión social, se mantienen a lo largo de toda la adolescencia.














