El 3 de febrero de 2023, un asteroide se acercó a la Tierra hasta una distancia mínima de 1,8 millones de kilómetros aproximadamente, o sea algo menos de cinco veces la distancia entre la Luna y la Tierra.

 

Aunque no había riesgo de que el asteroide (llamado 2011 AG5) impactara contra nuestro planeta, unos científicos del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, en el sur de California, Estados Unidos, siguieron de cerca al objeto, realizando valiosas observaciones que ayudaron a determinar su tamaño, rotación, detalles de su superficie y, sobre todo, su forma.

 

Esta aproximación a la Tierra proporcionó la primera oportunidad de echar un vistazo detallado al asteroide desde que fue descubierto en 2011.

 

Una potente antena parabólica de 70 metros de diámetro, situada cerca de Barstow, California, y que forma parte de la Red de Espacio Profundo de la NASA, reveló las dimensiones de este asteroide notablemente alargado.

 

Las observaciones realizadas mientras estaba cerca de la Tierra revelaron que se trata de un astro de unos 500 metros de largo y unos 150 metros de ancho.

 

«De los 1.040 objetos que pasan cerca de la Tierra y que han sido observados por radar planetario hasta la fecha, este es uno de los más alargados que hemos visto», destaca Lance Benner, científico del JPL que codirigió las observaciones.