En mis inicios laborales pasé por muchos desafíos. Unos de los cuales incluyó ofrecer clases en inglés en un colegio bilingüe. Para entonces, aunque estaba avanzada en la carrera de psicología, no sabía a qué me enfrentaba. Mis queridos “niños Horizons” dejaron huellas como grupo, por ahí comencé la docencia. Un chico, en particular, José Daniel, siempre recordé su nombre, seguramente porque lo repetí tanto por tres años consecutivos, fue mi vecino de mesa, obligada a mantenerlo cerca, era la única forma bajo mi vista, proporcionando tareas extras. Su nombre quedó tatuado en mi memoria pese a que se torna dificultoso cuando pasan muchas personas como docente o en consultorio.

Los maestros, padres, abuelos, psicólogos deben ser siempre congruentes como educadores y ponerse de acuerdo en mantener la palabra, con fortaleza, pero con amor. Excluir a un niño de la escuela por sus inconductas es lo más fácil y cómodo, modificarlas da trabajo pero es la tarea de todos. El verdadero desafío es mantener un régimen de consecuencias, perseverar. Los talentos hay que exaltarlos y encausarlos, los niños son nuestros funcionarios, presidentes y en las manos de quien estaremos mañana. ¿Estamos educando con valores?