El uso de los sonidos como recurso de comunicación es común entre varios grupos de vertebrados: el canto de las aves, el croar de las ranas o el ladrido de los perros son algunos ejemplos conocidos. Estas vocalizaciones desempeñan un papel fundamental en el cuidado de las crías por los progenitores, para atraer congéneres con quienes aparearse y en muchos otros comportamientos. A pesar de su importancia, se sabe poco sobre en qué momento de la historia evolutiva de los vertebrados apareció esta habilidad. Los análisis comparativos pueden proporcionar alguna información sobre el origen evolutivo de la comunicación acústica, pero a menudo están plagados de vacíos de información en grupos clave que no han sido ampliamente estudiados.
Ante esta situación, un equipo internacional de investigación se ha centrado en examinar especies a las que nunca se había accedido de este modo. El estudio llevado a cabo por Gabriel Jorgewich-Cohen y Marcelo Sánchez, ambos de la Universidad de Zúrich (UZH) en Suiza, y sus colegas, incluye evidencias obtenidas de 53 especies de 4 grupos de vertebrados terrestres (tortugas, tuátaras, gimnofiones y peces pulmonados) en forma de grabaciones vocales e información contextual sobre los comportamientos que acompañan a la producción de tales sonidos.
Esto, junto con un amplio conjunto de datos basados en la literatura científica que incluye 1800 especies diferentes que cubren todo el espectro, muestra que la comunicación vocal no solo está muy extendida en los vertebrados terrestres, sino que también evidencia habilidades acústicas en varios grupos previamente considerados incapaces de generar vocalizaciones. Muchas tortugas, por ejemplo, a las que se consideraba mudas, muestran en realidad repertorios acústicos amplios y complejos.














