Parece mentira que hayan trascurrido cincuenta años desde la inauguración de un museo que pretendía revivir la vida de la sociedad dominicana después de la independencia de Haití, el Museo de Tostado. Pero el tiempo pasa y no se detiene.

Fue el entonces presidente Joaquín Balaguer quien se preocupó de que la ciudad histórica fuese restaurada a su antigua magnificencia, pensando, como estadista, que el kilómetro que comprende la ciudad amurallada podría ser el centro del turismo internacional debido a su importancia histórica, como la primera capital del Nuevo Mundo.

Me encomendó el trabajo museográfico en la mansión que había pertenecido al escribano y dueño de ingenios Francisco de Tostado, llegado al Nuevo Mundo con la expedición de frey Nicolás de Ovando. Esta propiedad llegaba hasta el mar. Construida en los primeros años de la incipiente ciudad. Pasaron los siglos, pero las antiguas construcciones siguieron siendo habitadas. Con el correr del tiempo, la espléndida mansión pasó a manos del hermano del presidente Buenaventura Báez, llamado Damián.

A comienzos de la década de los setenta del siglo XX, el entonces presidente Joaquín Balaguer realizó la compra a nombre del Estado a los herederos de la familia Herrera Báez, con la intención de restaurar la grandiosa mansión.