Testimonio. Duró dos años, tres meses y cinco días prófugo de la justicia por haber cometido homicidio involuntario. Anduvo por campos que jamás se imaginó que existían en el país, cruzó para Haití; comió hojas de los árboles, bebió agua sucia y pasó todo tipo de trabajo con tal de no ir a la cárcel.

El camino para llegar hasta la casa donde vive Chucho, nombre que dio a reporteros de LISTÍN DIARIO, el protagonista de esta historia, es bien cuesta arriba. Carreteritas empedradas, lodo y polvo fueron de las pocas cosas que había en el trayecto. Pero ese dato perdió su importancia al escuchar el interesante relato de este hombre, hoy ya siendo un adulto mayor.

“Ustedes se van a sorprender cuando les cuente todo lo que pasé, eso sí, no me tiren foto”. Ese fue el saludo que dio estando parado frente a una terraza que hay en el frente de la casa. Con una tímida sonrisa recibió al equipo, y sus botas altas y sucias dejaron claro que venía de trabajar la tierra.

“¡Manos a la obra!”, dijo Chucho dando inicio a la entrevista que tanto trabajo dio conseguir. “No estén bravo conmigo porque al principio no quería hablar, pero es que ustedes saben que ese tipo de tema es delicado, pero na’estamos aquí”.

Se le agradeció por aceptar contar su historia basada en los dos años, tres meses y cinco días que duró prófugo de la justicia. De inmediato surgió la pregunta: ¿Por qué duró tanto tiempo huyendo? La respuesta fue corta, en principio. “Por ignorante”.

¿Pero duró tanto tiempo ignorando las consecuencias de sus acciones? “Bueno, le puedo decir que cada día se me hacía más difícil, porque yo no le temía a la justicia, sino a la familia del muerto. Ellos me andaban buscando para matarme. Yo no dormía, comía hasta hoja de los palos, Jesúuuuu, usted no se imagina todo lo que pasé”. En esta ocasión el hombre que se mostró fuerte al inicio, se quebró al recordar las peripecias pasadas en todo ese tiempo.

El incidente

Chucho levanta la cabeza y se pone en actitud de continuar su relato. “Para que se pueda entender lo sucedido, le voy a explicar qué fue lo que pasó. Un día, por ahí por el año 1999, estábamos el difunto y yo en una fiestecita que tenían uno vecinos, él estaba pasado de trago y le cogió conmigo, que dizque yo le gustaba a su mujer. Yo no quería problema y me le quité del lado porque eso que decía no era cierto, yo casi ni conocía a esa señora”. Hace una pausa y se arregla el sombre que constantemente se quitaba y ponía.

“Lo veo que sigue molestando y decido irme, pero me coge atrás con una sevillana, y un hermano de él también lo ‘ataja’, pero se volvió una fiera y me tiró, yo le agarré el brazo y el hermano trataba de agarrarlo a él. Diciendo de todo tipo de palabras, vuelve a tirarme, caímos al suelo y en el forcejeo, se le clavó a él el arma”. Contarlo lo entristece, pero sabe que la historia sigue y se repone.

¿Falleció de una vez? “No, lo llevaron a una clíniquita que estaba más cerca que el hospital, pero en el camino murió. Cuando llegó la noticia de que había fallecido, mi familia me dijo que me entregara, pero después dijeron que la familia de él me buscaría para matarme, no quedó de otra que salir ‘juyendo’, aunque no fue mi culpa”. Por eso no tiene cargo de conciencia. Él fue víctima de una provocación que muchos años más tarde, los familiares del fallecido, entendieron.

Cuando se entregó

Luego de los dos años, tres meses y cinco días, Chucho decide entregarse a las autoridades. “Y ese día que me pusieron tras las rejas fue que me sentí libre, aunque usted no lo crea, el que está prófugo se siente más preso que el que está en la cárcel, se lo digo yo”. Da golpecitos con sus manos en la silla que está sentado.