Roma, la “Ciudad Eterna,” recibió su sobrenombre cuando en el primer siglo el poeta Tibulo la llamó “Urbs Aeterna” y los poetas Virgilio y Ovidio siguieron su ejemplo. El nombre refleja la grandeza y resiliencia de Roma, creada por Romulus y Remus, quienes según la leyenda eran hijos del dios Marte.
Si Tibulo, Virgilio y Ovidio pudieran ver a Roma en la actualidad se sentirían seguramente complacidos.
La ciudad es, sin dudas como ellos dijeron, “eterna” y cautiva a todo el afortunado viajero que la visita con sus monumentos que incluyen fuentes como la de Trevi, famosa globalmente, e íconos como el Coliseo, el legendario anfiteatro al este del Foro Romano, terminado en el año 80, y utilizado para espectáculos de gladiadores, cazas de animales, martirios de cristianos, y hasta simulacros de batallas navales.
La ciudad es también única en el mundo pues contiene en su interior todo un país, el Vaticano, cuyo corazón es la Plaza y Basílic














