De Bruselas, china o de Milán. «Apellidos» aparte, las coles se cultivan actualmente a lo largo y ancho de todo el planeta. Como ellas, muchas otras plantas de la familia Brassicaceae como la coliflor, el broccoli, el repollo e incluso la mostaza (sí, por extraño que parezca y diferentes que sean su sabor, una col de Bruselas y un grano de mostaza, pertenecen a la misma familia) tienen un enemigo común: el causante de lo que se conoce popularmente como “roya blanca”. Concretamente, las brasicáceas están amenazadas por la enfermedad producida por un patógeno llamado Albugo candida, que, sin ser un hongo, opera exactamente igual que los hongos, es decir, extendiéndose en condiciones de humedad y temperatura adecuadas y fagocitando los nutrientes de las plantas que ataca.
Sin ser letal, la enfermedad es bastante común y se identifica por la aparición en las hojas de una especie de pústulas blancas que van cambiando de color hasta dar un aspecto marrón que deteriora la parte afectada dejándola inútil para el consumo. La similitud con los hongos ha favorecido que los tratamientos contra este tipo de roya blanca repitan modelos diseñados como tratamientos fungicidas. Sin embargo, la necesidad de encontrar soluciones a largo plazo que eviten la reducción de la cosecha ha puesto a trabajar a la comunidad científica internacional.
La revista técnica Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America (PNAS) ha publicado hoy el trabajo de un equipo integrado por investigadores de 8 Universidades y centros de investigación europeos liderados por el Sainsbury Laboratory en Norwich (Reino Unido) y entre los que se encuentra Amey Redkar, investigador del Departamento de Genética de la Universidad de Córdoba (UCO) en España.














