Sesenta y un días han pasado y aún resuena en la memoria de Bajos de Haina la impactante madrugada del 8 de abril, cuando el techo de la discoteca Jet Set se desplomó, un suceso que dejó una huella imborrable en el municipio.
Y es que despertar cada mañana ya no es lo mismo; ese abrazo, esos besos, los ‘buenos días’, las risas y el aroma del café caliente se han desvanecido, debido al inmenso vacío que atribuyen los residentes a los 25 sueños enterrados, víctimas de la tragedia.
Hoy, decenas de familias de Haina apenas aprenden a vivir con la ausencia de esa madre, padre, hermanos, abuelos y tíos. Esposas sin sus cónyuges, padres sin hijos y otros sin amigos.














