La electrosíntesis microbiana es una biotecnología prometedora en el contexto del cambio climático global y la transición energética: es capaz de inmovilizar dióxido de carbono, así como producir etanol y otros compuestos orgánicos que pueden utilizarse como combustibles. Sin embargo, pese a que la electrosíntesis microbiana es conocida desde hace más de una década, no ha logrado hasta ahora ningún avance significativo hacia su uso comercial a gran escala.

 

En la electrosíntesis microbiana, se aplica electricidad a una solución nutritiva acuosa que contiene microorganismos, y al mismo tiempo se añade dióxido de carbono. Los microorganismos utilizan la electricidad y el carbono para producir compuestos orgánicos como etanol o acetato. El funcionamiento biológico de este proceso, sin embargo, ha venido siendo objeto exclusivo de conjeturas, lo que ha imposibilitado mejorarlo, al menos hasta ahora.

 

Un equipo integrado, entre otros, por Miriam Rosenbaum y Santiago T. Boto, ambos del Instituto Leibniz de Investigación de Productos Naturales y Biología de la Infección en Alemania, ha podido ahora confirmar experimentalmente por primera vez cuál es el verdadero proceso que siguen esas bacterias.

 

Según una hipótesis, los microbios utilizan los electrones directamente. Rosenbaum pensó que era más probable que los microbios utilizaran hidrógeno para su biosíntesis. Esto se debe a que cuando se aplica electricidad y dióxido de carbono, lo que ocurre es lo mismo que en la electrólisis clásica: el agua se divide en hidrógeno y oxígeno.

 

Hasta ahora, nadie había medido directamente el hidrógeno liberado en un sistema de este tipo.